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Recopilación de artículos de diferentes temáticas encontrados en la web.


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El oso polar es el mayor y más fuerte depredador de los hielos marinos y costas árticas barridas por el viento.

El macho adulto pesa en promedio 460 kilogramos, pero su agilidad es tal que puede saltar grietas de hilo de más de 3,65 m. de anchura. Los machos casi desarrollados miden de 2,40 a 2,60 m. de longitud (las hembras 1,80), pero algunos llegan a los 736 kg., 3,30 m. de largo y 1,35 de alto en la cruz.

Asiduo cazador, su extraordinaria fuerza le permite extraer del hielo, por el angosto agujero respiratorio, a una foca de anillos de 90 kg.; con tal ímpetu, que le rompe la pelvis en la extracción.

En invierno las focas excavan y mantienen orificios respiratorios en el hielo. El oso polar las localiza por el olfato y espera a que asomen la cabeza, a veces después de taponear los otros orificios vecinos.

Aunque de costumbres cazadoras, el oso polar come un poco de todo: huevos, algas, virutas, desperdicios de estaciones balleneras e incluso cadáveres de su propia especie. Cuando sale a tierra dispuesto a pasar el periodo letárgico, suele adoptar dietas similares a su próximo pariente, el oso pardo, hartándose de hierbas, líquenes y bayas. Tampoco desdeña animales pequeños como lemmings, y en Alaska, cuando ocurre la remonta del salmón, se dedica a capturar este pez en remansos y torrenteras.

Pero la base de su dieta son las focas, sobre todo la de anillo y la barbuda, que constituyen presas esenciales para su supervivencia. Si no está muy hambriento, el oso se come sólo las vísceras y el tocino de la foca, dejando los restos a merced de carroñeros como el zorro ártico o los cuervos.

El oso polar es un cazador esencialmente solitario. Sólo cazan juntas las hembras y las crías no mayores de un año. Pasando el periodo de celo, los machos abandonan a las hembras y no se ocupan de su familia. Durante el breve celo luchan a veces salvajemente; el resto del tiempo se ignoran, a no ser que coincidan en algún festín de carroña, tales como ballenas o narvales atrapados.

Los cachorros de oso polar nacen en invierno, dentro de una cueva que la madre excava en una pila de nieve. Los oseznos, que al nacer miden de 17 a 30 cm. y pesan de 300 a 500 grs., quedan protegidos de las temperaturas exteriores de -10 C. gracias al calor de la piel materna y de la propia guarida.

Al dejar la madre la guarida, los oseznos, de tres meses de edad, ya saben andar con rapidez y seguridad, y pesan unos 10 kg. La madre, sin embargo, pierde a veces hasta la mitad de su peso con la lactancia.

Por entonces, los oseznos empiezan a tomar su primer alimento sólido. Aunque siguen mamando durante todo el segundo invierno. La hembra gesta cada tercer año, excepto si pierde la prole, en cuyo caso vuelve a ser cubierta.

 Los jóvenes aprenden a sobrevivir jugando entre ellos y siguiendo el ejemplo de su madre. Durante los primeros meses de edad, a los oseznos les crecen una espesa borra y unos densos pelos cobertores, además de los 7 cm. de tocino bajo la piel. De este modo, conservan el calor, aunque naden en aguas próximas al punto de congelación.






 En el segundo verano, la familia se dispersa, abandonando la madre a los jóvenes a su suerte. El peor enemigo del oso polar es el rifle. Se cree que actualmente existen de 5 mil a 18 mil ejemplares de esta especie, aunque resulta difícil censar unos animales que vagan como nómadas sobre los hielos.

Sin embargo, existe una estadística segura: cada año perecen más de mil osos, parte a manos de los esquimales, que se comen la carne y utilizan su piel, y la mayoría víctimas de cazadores de trofeos.

Fuente: Profesor en Línea
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El Gran Blanco es el depredador marino más grande que se conoce. Nada por los mares y océanos del mundo con un aire de grandeza impresionante. Su único enemigo es el hombre, el cual no siempre sale victorioso.

Este animal es una maravilla biológica que no ha cambiado en los últimos cuatro millones de años. Hablamos del Carcharodon Carcharias, más conocido como Tiburón Blanco.

Este pez siempre nos ha fascinado a la vez que nos ha aterrado, un animal que a todos nos gustaría ver en su medio natural pero en el camino del cual nadie desea hallarse.

En 1835, un autor de un libro de peces escribía: "Aquí habita el funesto tiburón, atraído por los olores de la gente, las enfermedades y la muerte".

El tiburón ha sido siempre un animal con fama de temible y asesino, más aún el tiburón blanco, por lo que a veces ha sido cazado de manera obsesiva, en parte por ser muy apreciado en el mercado.


Por esta fama se le ha llegado a llamar de mil maneras histéricas y diferentes: "la muerte blanca", "el devorador de hombres". Parece ser que a las puertas del siglo XXI aún nos hacen falta mitos y demonios.

A diferencia de otros depredadores protagonistas de nuestras pesadillas, los tiburones no han sido nunca estudiados a fondo.

De hecho, el propio mar en el que nadan es totalmente ajeno al ser humano y en él no somos capaces de desenvolvernos como nos gustaria.

Gran parte de los conocimientos que poseemos sobre los tiburones provienen de la disección y de la observación a distancia, pues al no poder acercarnos ni estar excesivo tiempo en su hábitat natural, este estudio se hace prácticamente imposible, por no hablar del peligro que correrían las vidas de los propios científicos.

El tiburón blanco se mueve por el agua como si volase. Los amplios vaivenes de su enorme cola son capaces de impulsar a este gran escualo a más de 25 km. por hora. La misma forma de su cuerpo es una maravilla de la hidrodinámica, lo que le permite moverse en el agua con increíble soltura.

Aunque le llamemos tiburón blanco, su parte superior es de color gris oscuro (lo que es muy útil como camuflaje para animales como éste que viven en los fondos marinos) mientras que su parte inferior es de color blanco, lo que ha dado lugar a su nombre.

Este camuflaje perfecto ha hecho que nadie haya observado todavía como se aparean los tiburones blancos, por ejemplo, aunque se cree que el macho fecunda a la hembra empleando uno de los dos genitales que cuelgan en la parte inferior ventral.

Este tiburón tiene un extraordinario sistema electrosensorial capaz de detectar los pequeños impulsos eléctricos que provienen de los latidos del corazón y de los movimientos de sus presas.

Este sistema sensorial, que se encuentra en el morro, reside en unos pequeños poros que son capaces de detectar corrientes eléctricas de hasta cinco milésimas de microvoltio. Además de localizar a sus presas le sirve para navegar, ya que gracias a él puede "leer" el campo magnético de la Tierra.

La anatomía del tiburón blanco es sorprendentemente primitiva. En vez de esqueleto óseo tiene un pequeño esqueleto cartilaginoso. Su cerebro y su corazón son relativamente pequeños, mientras que su hígado y su estómago son grandes para ayudarle a paliar su enorme apetito, además de servirle de flotador.

No hay pruebas de que se alimente de manera natural por la noche, pues se cree que su visión es muy pobre. Tampoco hay constancia de que estos animales tengan un orden social, pero se sabe que son solitarios y, por tanto, muy competitivos, en especial con otros machos.


Este depredador no hace muchas más cosas que nadar, comer y procrear. Se alimenta de animales vivos, en especial pingüinos y focas además de otros peces, pero no desprecia la carroña.

Los humanos no formamos parte de su dieta habitual. Posiblemente la idea de que estos tiburones sean devoradores de hombres se deba más a la reacción humana de tener miedo a lo desconocido que a una visión científica que deje los sentimientos a un lado.

El tiburón blanco no caza humanos pero cuando uno se adentra en sus dominios, ha de hacerse cargo de las posibles consecuencias: su necesidad básica es alimentarse, y todas sus acciones se encaminan a satisfacer esta necesidad.

Este tiburón es, sin duda, el pez más peligroso, debido a su gran tamaño, de cuatro a siete metros, pudiendo alcanzar algún ejemplar los diez metros.

En una situación límite con un blanco, nuestras posibilidades de sobrevivir son cero, si bien la probabilidad de encontrarnos con uno son escasas, más aún de día. Es raro encontrarlo en aguas tropicales pues prefiere las aguas templadas o frías, como por ejemplo el Atlántico o el Mediterráneo.

No debemos hacer mucho caso de las estadísticas sobre los ataques de tiburones, pues además de que estos hechos suelen ser escasos, no suelen reflejar toda la verdad; hay países que así lo prefieren. Estos animales arrastran la fama de unos peligros que, aunque a veces sean exagerados, no impide que existan realmente.

Según todos los expertos, en un encuentro con un tiburón, si no perdemos la serenidad ni nos dejamos llevar por el pánico y permanecemos tranquilos, no dándole nunca la espalda, en la inmensa mayoría de los casos tendremos tiempo suficiente para ponernos a cubierto.

Dejando de lado teorías, supersticiones y consejos, hay que reconocer que el tiburón blanco es una de las estampas más bonitas e impresionantes que existen en los mares y océanos del planeta.

© Texto: Josep Pegueroles
Fuente: M@re Nostrum
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Hace más de veinte años, Fernando Martín se convirtió en el segundo europeo en jugar en la NBA. Fernando Martín apenas jugó once años al baloncesto, suficientes para llegar a lo más alto a lo que podía llegar un jugador español entonces.

Fernando Martín Espina nació en Madrid el 25 de marzo de 1962. Falleció en Madrid el 3 de diciembre de 1989. Medía 2,05 m de altura y jugaba de pívot.

Sus inicios

Fernando Martín comenzó a jugar al baloncesto cuando ya tenía 15 años. Antes había destacado en otros deportes, como judo, tenis de mesa, balonmano y natación (llegó a ser campeón de Castilla).

Comenzó a jugar al baloncesto en las categorías inferiores del Estudiantes. Con el conjunto colegial se proclamó campeón de España, escolar y juvenil. Como juvenil, y representando a España, consiguió la medalla de plata en el Eurobasket de 1979.

En 1980, todavía en edad júnior, fue incluido en el primer equipo de Estudiantes. En 1981, con 19 años de edad, ya estaba en el cinco inicial del equipo estudiantil, proclamándose subcampeón de Liga, junto a Vicente Gil, Alfonso Del Corral, Juan Carlos López Rodríguez y Slab Jones.

Llegó a firmar un precontrato con el Joventut de Badalona pero acabó fichando por el Real Madrid, que también contrató a su hermano Antonio.

Real Madrid

Fernando Martín se incorporó al Real Madrid en el verano de 1981. Apenas con veinte años ya era el mejor pívot de España y uno de los mejores de Europa.



Con el equipo blanco conquistó cuatro títulos de la Liga ACB (1982, 1984, 1985 y 1986), tres de la Copa del Rey (1985,1986 y 1989), una Recopa (1989) y un Mundial de Clubs (1982). En 1985 fue subcampeón de la Copa de Europa perdiendo la final ante la Cibona de Drazen Petrovic.

En 1985 fue el primer jugador español en ser incluido en el draft. Lo eligieron los New Jersey Nets y viajó a Estados Unidos para disputar el campus de verano con el equipo de la NBA. A su finalización, se le propuso firmar un contrato no garantizado. Fernando lo rechazó, y prefirió seguir un año más en España. Eso le permitiría participar en el Mundobasket que se disputaría en España en 1986 ya que, en aquella época, los jugadores de la NBA no podían participar en las competiciones organizadas por la FIBA.

La selección española

Fue convocado por primera vez por Antonio Díaz-Miguel en 1981. Entre ese año y 1986, cuando se fue a la NBA, disputó un total de 72 partidos con la selección, de la que siempre fue uno de los pilares.

Fue titular del equipo que ganó la medalla de plata en el Eurobasket de Nantes’83, y del que conquistó la histórica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984.

La aventura de la NBA

En el verano de 1986, Fernando Martín dio el gran paso y fichó por los Portland Trail Blazers (su elección por parte de los New Jersey Nets en el Draft de 1986 había sido invalidada por haber superado la edad reglamentaria para ser elegido), convirtiéndose en el primer español en jugar en la NBA, y el segundo europeo, tras el búlgaro Georgi Glouchkov, en entrar en la competición estadounidense sin haber jugado previamente en la NCAA.

Con los Trail Blazers, sólo jugó una temporada (1986-87) en la que disputó 24 partidos, un total de 146 minutos, en los que anotó 22 puntos y capturó 28 rebotes.

Su estancia no fue todo lo afortunada que esperaba. Su entrenador, el novato Mike Shuler, apenas le dio oportunidades, y además sufrió varias lesiones (fractura de nariz y artroscopia en la rodilla) que le tuvieron cerca de dos meses apartado de las canchas. A pesar de todo, dio por buena la experiencia americana:



“La adaptación ha sido muy dura, pero estoy plenamente satisfecho porque en realidad he venido aquí para aprender, y cada rebote que cojo es un triunfo”.

Regreso a Madrid

En 1987 regresó al Real Madrid. Y entre otras cosas, lo hizo porque el conjunto blanco le ofreció un contrato que, en aquél entonces, representaba un auténtico récord: 100 millones de las antiguas pesetas al año. La temporada anterior del Madrid, sin Fernando Martín, había sido desastrosa.

Martín sólo pudo añadir a su palmarés una Copa Korac (1987) y una Recopa de Europa (1989).

Pocos meses después (tal y como tres años y medio más tarde le ocurriría a Drazen Petrovic), un trágico accidente acabó con su vida prematuramente.

Fallecimiento

Fernando Martín falleció en Madrid el 3 de diciembre de 1989 a causa de un accidente de automóvil, mientras se dirigía al Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid a presenciar un partido de su equipo ante el CAI Zaragoza. Dicho partido no lo iba a disputar a causa de una lesión.

Su fallecimiento provocó una auténtica conmoción en el baloncesto español y mundial. A su entierro acudieron representantes de todos los clubs e instituciones, incluidos varios jugadores, como Epi y Audie Norris, su eterno rival en el FC Barcelona.

Curiosidades

- El Real Madrid retiró la camiseta número 10 en su honor.

- Miembro, desde el 1 de marzo de 2007, del Salón de la Fama de la FIBA.

- Es el padre del jugador Jan Fernando Martín



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(James Cleveland; Decatur, Alabama, 1913 - Tucson, Arizona, 1980) Atleta norteamericano. Jesse Owens brilló en la atmósfera racista de los Juegos de Berlín de 1936, donde realizó una exhibición tan espectacular que durante unos pocos días el mundo se olvidó que seguía ardiendo el conflicto político que estallaría en la Segunda Guerra Mundial. Owens ganó cuatro medallas de oro, batió dos records mundiales y otro olímpico.

Hijo de una numerosa familia de labradores, mientras realizaba sus estudios primarios, trabajó como vendedor de periódicos, empleado de una gasolinera y recadista. A principios de la década de 1920, la familia Owens se unió a la gran emigración negra hacia el norte, afincándose en Cleveland.

Su profesor de gimnasia en la escuela, Charles Riley, se sintió atraído por el joven, a quien traía el desayuno e invitaba a almorzar a su casa además de enseñarle a correr. En la secundaria, Jesse ganó 74 de las 79 carreras en las que compitió, batiendo el récord nacional de salto de longitud. Se matriculó en la Universidad Estatal de Ohio, donde obtuvo un empleo a tiempo completo mientras practicaba atletismo.



Realizó su primera proeza en Michigan, en 1935, batiendo cinco records mundiales e igualando otro en menos de 90 minutos: corrió las 100 yardas en 9 min. 4 seg.; saltó 8,13 m de longitud, récord que tardó 25 años en ser superado, y corrió las 220 yardas lisas en 20 min., 3 seg. y las 220 yardas vallas en 22 min. 6 seg. Desde ese día se le conoció como el Antílope de Ébano.

En 1936, en Chicago, batió el récord mundial de 100 m con 10 seg. 2 cent. Participó en los Juegos Olímpicos de Berlín, en los que consiguió cuatro medallas de oro en 100 y 200 m, salto longitud y relevos 4 x 100 m.



Una vez terminados los Juegos Olímpicos, el equipo de Estados Unidos inició una gira por Europa, en la que Jesse se negó a participar. Quería volver a su hogar. Esta actitud le valió ser suspendido de las filas amateurs, y que se le negara el Premio Sullivan como amateur más destacado de EE.UU. en 1936, que recayó en el decatlonista Glenn Morris.

Retirado de las pistas, hizo incursiones sin éxito en el mundo de los negocios, perdiendo su fortuna y cayendo en el anonimato, hasta que el gobierno de Estados Unidos le designó embajador de buena voluntad. Jesse volvió a florecer como orador público capaz de despertar las emociones de sus oyentes, hablando ante convenciones de negocios, grupos juveniles y organizaciones cívicas. Falleció en 1980, víctima del cáncer de pulmón. Sus hazañas son recordadas en la magnífica película que rodó Leni Riefenstahl de los Juegos de 1936.

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Una secta secreta en el seno de la Iglesia Católica que, si es descubierta, puede causar el mayor de los escándalos. 1982. El papa Calixto IV agoniza en su lecho de muerte y su sucesión desata un enfrentamiento de intereses inconfesables. En Nueva York se produce una serie de asesinatos de religiosos, entre ellos, sor Valentine. El padre de Valentine, un poderoso hombre de negocios, encomienda la investigación del crimen a su hijo Ben, un ex jesuita que conoce las entrañas de la Iglesia. En su camino es amenazado y presionado para que abandone el caso. Sin embargo, ésta es sólo la punta del iceberg de una siniestra conspiración sin precedentes en la historia de la Iglesia. Los Assassini, un grupo de clérigos violentos y fanáticos que conocen los secretos más recónditos del Vaticano, no están dispuestos a permitir que nadie se interponga en sus tenebrosas maquinaciones.

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Nadie fue más sordo que Goya al siglo XIX, pese a haber cumplido en él casi tres décadas y haber sobrevivido a sus feroces guerras. Se quedó sordo de verdad cuando amanecía la centuria, pero no ciego. Y a fuerza de mirar a su aire se convirtió en un visionario. Ese hombre cabal, lúcido y baturro gestó las pesadillas que creemos tan nuestras afincado en un Versalles provinciano y en una Ilustración de pueblo. La dieciochesca, acanallada España que le tocó vivir le valió para todo y para nada. Su tozudez y brío fueron su patrimonio: con tales alforjas saltó desde su infancia hasta la infancia de las vanguardias, que en el siglo XX lo reivindicaron como maestro. Nadie se explica aún ese raro fenómeno: fue un pintor y un profeta solitario venido desde antiguo hasta ahora mismo sin pasar por la Historia.

Francisco de Goya nació en el año 1746, en Fuendetodos, localidad de la provincia española de Zaragoza, hijo de un dorador de origen vasco, José, y de una labriega hidalga llamada Gracia Lucientes. Avecinada la familia en la capital zaragozana, entró el joven Francisco a aprender el oficio de pintor en el taller del rutinario José Luzán, donde estuvo cuatro años copiando estampas hasta que se decidió a establecerse por su cuenta y, según escribió más tarde él mismo, "pintar de mi invención".

A medida que fueron transcurriendo los años de su longeva vida, este "pintar de mi invención" se hizo más verdadero y más acentuado, pues sin desatender los bien remunerados encargos que le permitieron una existencia desahogada, Goya dibujó e hizo imprimir series de imágenes insólitas y caprichosas, cuyo sentido último, a menudo ambiguo, corresponde a una fantasía personalísima y a un compromiso ideológico, afín a los principios de la Ilustración, que fueron motores de una incansable sátira de las costumbres de su tiempo.

Pero todavía antes de su viaje a Italia en 1771 su arte es balbuciente y tan poco académico que no obtiene ningún respaldo ni éxito alguno; incluso fracasó estrepitosamente en los dos concursos convocados por la Academia de San Fernando en 1763 y 1769. Las composiciones de sus pinturas se inspiraban, a través de los grabados que tenía a su alcance, en viejos maestros como Vouet, Maratta o Correggio, pero a su vuelta de Roma, escala obligada para el aprendizaje de todo artista, sufrirá una interesantísima evolución ya presente en el fresco del Pilar de Zaragoza titulado La gloria del nombre de Dios.

Todavía en esta primera etapa, Goya se ocupa más de las francachelas nocturnas en las tascas madrileñas y de las majas resabidas y descaradas que de cuidar de su reputación profesional y apenas pinta algunos encargos que le vienen de sus amigos los Bayeu, tres hermanos pintores, Ramón, Manuel y Francisco, este último su inseparable compañero y protector, doce años mayor que él. También hermana de éstos era Josefa, con la que contrajo matrimonio en Madrid en junio de 1773, año decisivo en la vida del pintor porque en él se inaugura un nuevo período de mayor solidez y originalidad.


Detalle de su primer Autorretrato (hacia 1773)

Por esas mismas fechas pinta el primer autorretrato que le conocemos, y no faltan historiadores del arte que supongan que lo realizó con ocasión de sus bodas. En él aparece como lo que siempre fue: un hombre tozudo, desafiante y sensual. El cuidadoso peinado de las largas guedejas negras indica coquetería; la frente despejada, su clara inteligencia; sus ojos oscuros y profundos, una determinación y una valentía inauditas; los labios gordezuelos, una afición sin hipocresía por los placeres voluptuosos; y todo ello enmarcado en un rostro redondo, grande, de abultada nariz y visible papada.

Cartonista de la Fábrica de Tapices

Poco tiempo después, algo más enseriado con su trabajo, asiduo de la tertulia de los neoclásicos presidida por Leandro Fernández de Moratín y en la que concurrían los más grandes y afrancesados ingenios de su generación, obtuvo el encargo de diseñar cartones para la Real Fábrica de Tapices de Madrid, género donde pudo desenvolverse con relativa libertad, hasta el punto de que las 63 composiciones de este tipo realizadas entre 1775 y 1792 constituyen lo más sugestivo de su producción de aquellos años. Tal vez el primero que llevó a cabo sea el conocido como Merienda a orillas del Manzanares, con un tema original y popular que anuncia una serie de cuadros vivos, graciosos y realistas: La riña en la Venta Nueva, El columpio, El quitasol y, sobre todo, allá por 1786 o 1787, El albañil herido.

Este último, de formato muy estrecho y alto, condición impuesta por razones decorativas, representa a dos albañiles que trasladan a un compañero lastimado, probablemente tras la caída de un andamio. El asunto coincide con una reivindicación del trabajador manual, a la sazón peor vistos casi que los mendigos por parte de los pensadores ilustrados. Contra este prejuicio se había manifestado en 1774 el conde de Romanones, afirmando que "es necesario borrar de los oficios todo deshonor, sólo la holgazanería debe contraer vileza". Asimismo, un edicto de 1784 exige daños y perjuicios al maestro de obras en caso de accidente, establece normas para la prudente elevación de andamios, amenaza con cárcel y fuertes multas en caso de negligencia de los responsables y señala ayudas económicas a los damnificados y a sus familias. Goya coopera, pues, con su pintura, en esta política de fomento y dignificación del trabajo, alineándose con el sentir más progresista de su época.


El quitasol

Hacia 1776, Goya recibe un salario de 8.000 reales por su trabajo para la Real Fábrica de Tapices. Reside en el número 12 de la madrileña calle del Espejo y tiene dos hijos; el primero, Eusebio Ramón, nacido el 15 de diciembre de 1775, y otro nacido recientemente, Vicente Anastasio. A partir de esta fecha podemos seguir su biografía casi año por año. En abril de 1777 es víctima de una grave enfermedad que a punto está de acabar con su vida, pero se recupera felizmente y pronto recibe encargos del propio príncipe, el futuro Carlos IV. En 1778 se hacen públicos los aguafuertes realizados por el artista copiando cuadros de Velázquez, pintor al que ha estudiado minuciosamente en la Colección Real y de quien tomará algunos de sus asombrosos recursos y de sus memorables colores en obra futuras.

Pintor de la corte

Al año siguiente solicita sin éxito el puesto de primer pintor de cámara, cargo que finalmente es concedido a un artista diez años mayor que él, Mariano Salvador Maella. En 1780, cuando Josefa concibe un nuevo hijo de Goya, Francisco de Paula Antonio Benito, ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con el cuadro Cristo en la cruz, que en la actualidad guarda el Museo del Prado de Madrid, y conoce al mayor valedor de la España ilustrada de entonces, Gaspar Melchor de Jovellanos, con quien lo unirá una estrecha amistad hasta la muerte de este último en 1811. El 2 de diciembre de 1784 nace el único de sus hijos que sobrevivirá, Francisco Javier, y el 18 de marzo del año siguiente es nombrado subdirector de Pintura de la Academia de San Fernando. Por fin, el 25 de junio de 1786, Goya y Ramón Bayeu obtienen el título de pintores del rey con un interesante sueldo de 15.000 reales al mes.

A sus cuarenta años, el que ahora es conocido en todo Madrid como Don Paco se ha convertido en un consumado retratista, y se han abierto para él todas las puertas de los palacios y algunas, más secretas, de las alcobas de sus ricas moradoras, como la duquesa Cayetana, la de Alba, por la que experimenta una fogosa devoción. Impenitente aficionado a los toros, se siente halagado cuando los más descollantes matadores, Pedro Romero, Pepe-Hillo y otros, le brindan sus faenas, y aún más feliz cuando el 25 de abril de 1789 se ve favorecido con el nombramiento de pintor de cámara de los nuevos reyes Carlos IV y doña María Luisa.

La enfermedad y el aislamiento

Pero poco tiempo después, en el invierno de 1792, cae gravemente enfermo en Sevilla, sufre lo indecible durante aquel año y queda sordo de por vida. Tras meses de postración se recupera, pero como secuela de la enfermedad pierde capacidad auditiva. Además, anda con dificultad y presenta algunos problemas de equilibrio y de visión. Se recuperará en parte, pero la sordera será ya irreversible de por vida.

La historia ha especulado en múltiples ocasiones sobre cuál fue la enfermedad de Goya. Los médicos (fue atendido por los mejores facultativos del momento) no coincidieron en cuanto al diagnóstico. Algunos achacaron el mal a una enfermedad venérea, otros a una trombosis, otros al síndrome de Menière, que está relacionado con problemas del equilibrio y del oído. También, más recientemente, se ha creído que podía haberse intoxicado con algunos de los componentes de las pinturas que usaba.

Comenzó, entonces, una nueva etapa artística para Goya. Debido a la pérdida de audición y a las secuelas de la grave enfermedad que había padecido, el maestro tuvo que adaptarse a un nuevo tipo de vida. No menguó, pese a lo que se ha dicho en ocasiones, su capacidad productiva ni su genio creativo. Siguió pintando y todavía realizaría grandes obras maestras de la historia del arte. La pérdida de capacidad auditiva le abriría, sin lugar a dudas, las puertas de un nuevo universo pictórico. Los graves problemas de comunicación y relación que la sordera ocasionan, harían también que Goya iniciase un proceso de introversión y aislamiento. El pesimismo, la representación de una realidad deformada y el matiz grotesco de algunas de sus posteriores pinturas son, en realidad, una manifestación de su aislada y singular (aunque extremadamente lúcida) interpretación de la época que le tocó vivir.

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 1797. Un año más tarde él mismo confesaba que no le era posible ocuparse de los menesteres de su profesión en la Real Fábrica de Tapices por hallarse tan sordo que tenía que comunicarse gesticulando.

Majas y Caprichos

Desde los años de infancia, en las Escuelas Pías de Zaragoza, por donde Goya pasó sin pena ni gloria, une al pintor una entrañable amistad, que pervivirá hasta la muerte, con Martín Zapater, a quien a menudo escribe cartas donde deja constancia de pormenores de su economía y de otras materias personales y privadas. Así, en epístola fechada en Madrid el 2 de agosto de 1794, menciona, bien que pudorosamente, la más juguetona y ardorosa de sus relaciones sentimentales: "Más te valía venirme a ayudar a pintar a la de Alba, que ayer se me metió en el estudio a que le pintara la cara, y se salió con ello; por cierto que me gusta más pintar en lienzo, que también la he de retratar de cuerpo entero." El 9 de junio de 1796 muere el duque de Alba, y en esa misma primavera Goya se traslada a Sanlúcar de Barrameda con la duquesa de Alba, con quien pasa el verano, y allí regresa de nuevo en febrero de 1797. Durante este tiempo realiza el llamado Album A, con dibujos de la vida cotidiana, donde se identifican a menudo retratos de la graciosa doña Cayetana. La magnánima duquesa firma un testamento por el cual Javier, el hijo del artista, recibirá de por vida un total de diez reales al día.


La maja desnuda

De estos hechos arranca la leyenda que quiere que las famosísimas majas de Goya, La maja vestida y La maja desnuda, condenadas por la Inquisición como obscenas tras reclamar amenazadoramente la comparecencia del pintor ante el Tribunal, fueran retratos de la descocada y maliciosa doña Cayetana, aunque lo que es casi seguro es que los lienzos fueron pintados por aquellos años. También se ha supuesto, con grandes probabilidades de que sea cierto, que ambos cuadros estuvieran dispuestos como anverso y reverso del mismo bastidor, de modo que podía mostrarse, en ocasiones, la pintura más decente, y en otras, como volviendo la página, enseñar la desnudez deslumbrante de la misma modelo, picardía que era muy común en Francia por aquel tiempo en los ambientes ilustrados y libertinos.

Las obras se hallaron, sea como fuere, en 1808 en la colección del favorito Godoy; eran conocidas por el nombre de "gitanas", pero el misterio de las mismas no estriba sólo en la comprometedora posibilidad de que la duquesa se prestase a aparecer ante el pintor enamorado con sus relucientes carnes sin cubrir y la sonrisa picarona, sino en las sutiles coincidencias y divergencias entre ambas. De hecho, la maja vestida da pábulo a una mayor morbosidad por parte del espectador, tanto por la provocativa pose de la mujer como por los ceñidos y leves ropajes que recortan su silueta sinuosa, explosiva en senos y caderas y reticente en la cintura, mientras que, por el contrario, la piel nacarada de la maja desnuda se revela fría, académica y sin esa chispa de deliciosa vivacidad que la otra derrocha.

Un nuevo misterio entraña la inexplicable retirada de la venta, por el propio Goya, de una serie maravillosa y originalísima de ochenta aguafuertes titulada Los Caprichos, que pudieron adquirirse durante unos pocos meses en la calle del Desengaño nº 1, en una perfumería ubicada en la misma casa donde vivía el pintor. Su contenido satírico, irreverente y audaz no debió de gustar en absoluto a los celosos inquisidores y probablemente Goya se adelantó a un proceso que hubiera traído peores consecuencias después de que el hecho fuera denunciado al Santo Tribunal. De este episodio sacó el aragonés una renovada antipatía hacia los mantenedores de las viejas supersticiones y censuras y, naturalmente, una mayor prudencia cara al futuro, entregándose desde entonces a estos libres e inspirados ejercicios de dibujo según le venía en gana, pero reservándose para su coleto y para un grupo selecto de allegados los más de ellos.

Mientras, Goya va ganando tanto en popularidad como en el favor de los monarcas, hasta el punto de que puede escribir con sobrado orgullo a su infatigable corresponsal Zapater: "Los reyes están locos por tu amigo"; y en 1799, su sueldo como primer pintor de cámara asciende ya a 50.000 reales más cincuenta ducados para gastos de mantenimiento. En 1805, después de haber sufrido dos duros golpes con los fallecimientos de la joven duquesa de Alba y de su muy querido Zapater, se casa su hijo Javier, y en la boda conoce Goya a la que será su amante de los últimos años: Leocadia Zorrilla de Weiss.

El horror de la guerra

El 3 de mayo de 1808, al día siguiente de la insurrección popular madrileña contra el invasor francés, el pintor se echa a la calle, no para combatir con la espada o la bayoneta, pues tiene más de sesenta años y en su derredor bullen las algarabías sin que él pueda oír nada, sino para mirar insaciablemente lo que ocurre. Con lo visto pintará algunos de los más patéticos cuadros de historia que se hayan realizado jamás: el Dos de mayo, conocido también como La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol de Madrid y el lienzo titulado Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío de Madrid.

En Los fusilamientos del 3 de mayo, la solución plástica a esta escena es impresionante: los soldados encargados de la ejecución aparecen como una máquina despersonalizada, inexorable, de espaldas, sin rostros, en perfecta formación, mientras que las víctimas constituyen un agitado y desgarrador grupo, con rostros dislocados, con ojos de espanto o cuerpos yertos en retorcido escorzo sobre la arena encharcada de sangre. Un enorme farol ilumina violentamente una figura blanca y amarilla, arrodillada y con los brazos formando un amplio gesto de desafiante resignación: es la figura de un hombre que está a punto de morir.


Los fusilamientos del 3 de mayo

Durante la llamada guerra de la Independencia, Goya irá reuniendo un conjunto inigualado de estampas que reflejan en todo su absurdo horror la sañuda criminalidad de la contienda. Son los llamados Desastres de la guerra, cuyo valor no radica exclusivamente en ser reflejo de unos acontecimientos atroces sino que alcanza un grado de universalidad asombroso y trasciende lo anecdótico de una época para convertirse en ejemplo y símbolo, en auténtico revulsivo, de la más cruel de las prácticas humanas.

El pesimismo goyesco irá acrecentándose a partir de entonces. En 1812, muere su esposa, Josefa Bayeu; entre 1816 y 1818 publica sus famosas series de grabados, la Tauromaquia y los Disparates; en 1819 decora con profusión de monstruos y sórdidas tintas una villa que ha adquirido por 60.000 reales a orillas del Manzanares, conocida después como la Quinta del Sordo: son las llamadas "pinturas negras", plasmación de un infierno aterrante, visión de un mundo odioso y enloquecido; en el invierno de 1819 cae gravemente enfermo pero es salvado in extremis por su amigo el doctor Arrieta, a quien, en agradecimiento, regaló el cuadro titulado Goya y su médico Arrieta (1820, Institute of Art, Minneápolis). En 1823, tras la invasión del ejército francés los Cien Mil Hijos de San Luis, venido para derrocar el gobierno liberal, se ve condenado a esconderse y al año siguiente escapa a Burdeos, refugiándose en casa de su amigo Moratín.


Retrato de Goya de Vicente López

En 1826, Goya regresó a Madrid, donde permaneció dos meses, para marchar de nuevo a Francia. Durante esta breve estancia el pintor Vicente López Portaña (que se encontraba en su mejor momento de prestigio y técnica) realizó un retrato de Goya, cuando éste contaba ya con ochenta años. Enfrentado al viejo maestro, de rostro aún tenso y enérgico, López Portaña llevó a cabo la obra más recia y valiosa de su extensísima actividad de retratista, tantas veces derrochada en la minucia cansada de traducir encajes, rasos o terciopelos con aburrida perfección. Este lienzo, hoy en el Museo del Prado, es el retrato más conocido de Goya, mucho más, incluso, que los también famosos autorretratos del pintor.

El maestro murió en Burdeos, hacia las dos de la madrugada del 16 de abril de 1828, tras haber cumplido ochenta y dos años, siendo enterrado en Francia. En 1899 sus restos mortales fueron sepultados definitivamente en la ermita de San Antonio de la Florida, en Madrid, cien años después de que Goya pintara los frescos de dicha iglesia (1798).

En el Museo del Prado se conserva La joven de Burdeos o La lechera de Burdeos (1825-1827), una de sus últimas obras. Pero acaso su auténtico testamento había sido fijado ya sobre el yeso en su quinta de Madrid algunos años antes: Saturno devorando a un hijo, es sin duda, una de las pinturas más inquietantes de todos los tiempos, síntesis inimitable de un estilo, que reúne extrañamente lo trágico y lo grotesco, y espejo de un Goya, visionario, sutil, penetrante, lúcido y descarnado.


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El Imperio Nuevo asirio tuvo en su apogeo a Nínive como capital. Dentro de sus colosales murallas Senaquerib y Assurbanipal construyeron palacios fabulosos. Pero todo quedó arrasado tras la invasión babilónica.


Cerca de la actual Mosul (Irak) y a poca distancia de los ríos Tigris y Hoser se hallaba Nínive, la ciudad más grande del Próximo Oriente antiguo después de Babilonia. El visitante que se aproximaba por aquélla zona de ricas y fértiles tierras debía quedar maravillado al contemplar la imponente muralla que circundaba la ciudad. La había mandado construir Senaquerib en el siglo VII y tenía doce kilómetros de perímetro. Pero además de extensa y poblada, Nínive fue sinónimo de esplendor y dinamismo. Una ciudad ligada también a un pueblo: los asirios, que a lo largo de más de un milenio harían de Nínive primero un centro religioso y luego la capital de su imperio. El rey asirio Sargón II (722-705 a.C.) había fundado su propia capital, Dur-Sharrukin, pero su hijo Senaquerib, distanciándose de su padre, abandonó la nueva capital para trasladarse a Nínive. Así, el antiguo centro religioso dedicado a Ishtar —en cuanto diosa de la guerra y la destrucción— pasó a ser la capital del Imperio asirio. Senaquerib gobernó de un modo implacable, sofocando, una vez tras otra, los levantamientos azuzados por los egipcios. Lo que Senaquerib destruyó en Babilonia lo construyó en Nínive. Casi triplicó la superficie de la ciudad: el perímetro inicial de cinco kilómetros de muralla pasó a doce. Entre 15 y 18 puertas no menos impresionantes —cada una dedicada a una divinidad—, daban entrada al recinto. El palacio, aunque no se ha conservado entero, alcanzó un esplendor legendario: tenía al menos 70 habitaciones y 3.000 metros de decoración mural. Senaquerib lo bautizó como “Palacio sin rival”. Posteriormente, Asurbanipal erigió un nuevo palacio, menos extenso que el de su abuelo pero no menos magnífico. Pero poco después de la muerte del monarca en el 627, el imperio que había dominado durante varios siglos toda Mesopotamia se derrumbaría repentinamente.

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En mayo de 2003, Billy el Niño (1859-1881) volvió a salir en la prensa. El motivo, la apertura de una investigación en Nuevo México para determinar mediante análisis de ADN si un tal Brushy Bill Roberts, que falleció en 1950 a los 90 años, decía la verdad al proclamarse como el auténtico Billy the Kid, o si éste había muerto, como se creía, casi setenta años antes. La investigación sigue abierta y con ella el misterio de un personaje que en el siglo XIX fue uno de los más famosos bandidos del Oeste.

La leyenda describe a William Henry Bonney –si ése fue su verdadero nombre, pues también usó los de Henry McCarthy y Kid Antrim– como un forajido pendenciero y cruel que mató a 21 hombres en sus 21 años de vida por el mero placer de matar. Probablemente, el Billy el Niño real fue más bien alguien que desde joven tuvo que sobrevivir en un mundo violento en el que la distancia entre la vida y la muerte dependía de quien apretara primero el gatillo.

Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento –Pat Garrett y Ash Upson, que escribieron su biografía, citan el 23 de noviembre de 1859, pero hechos posteriores parecen sugerir que debió ser en 1860 o 1861– así como el lugar, si bien el más probable es Nueva York, adonde había llegado su madre, Mary McCarthy, procedente de Irlanda. No sabemos nada de sus primeros años de vida, hasta su aparición en 1870 en Kansas junto a su hermano Joseph, su madre, que había enviudado, y el nuevo novio de ésta, William Antrim, que se convertiría en marido en 1873.

Ese mismo año la familia se trasladó a Silver City (Nuevo México), donde Billy pasó su juventud en el ambiente peligroso y violento de los salones de frontera. En ello tuvo mucho que ver la muerte de su madre y la marcha de su padrastro a Arizona en 1874, que dejó a Billy campando a sus anchas y teniendo que mantenerse por sí mismo con sólo 14 años. Empezó robando comida en un rancho, y después se dio a los atracos. Se cree que cometió su primer asesinato para vengar la muerte de un hombre que le había dado trabajo. Luego entró en una banda de forajidos en el condado de Lincoln y pronto su cabeza fue puesta a precio. Después de dos años de andar tras su pista, el sheriff Pat Garrett logró atraparlo en 1880, y Billy fue condenado a la horca. Sin embargo, el 28 de abril de 1881 asesinó a dos representantes de la ley y logró escapar de la cárcel. La fuga duró poco. El 14 de julio, Garrett dio con su paradero en Fort Summer y lo mató de un disparo, según contó en sus memorias.



Luis Otero
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La hambruna y la guerra con Eritrea han castigado un país que es cuna de muchas cosas: posee su propia escritura (el amárico) y una rica cultura que muestra la integración de las tres grandes religiones monoteístas (cristianismo, islam y judaísmo). Resulta un destino ideal si buscas algo realmente diferente y no contaminado aún por el turismo de masas. Y si quieres variedad paisajística, aquí hay de todo: el norte, donde domina el cristianismo primitivo, es verde y montañoso. Aquí nace el Nilo Azul, se abren cataratas impresionantes como las de Tississat, se alzan castillos e iglesias ortodoxas, como los de Gondar y se encuentran las increíbles iglesias excavadas en la roca como las de Lalibela, más conocida como la Jerusalén de África. El sur, por el contrario, es el África más profunda, el dominio de las culturas tribales, una tierra de volcanes y lagos que constituye la cuna de la humanidad.



Es la zona del río Omo, un mundo desconocido en el que pocos extranjeros se aventuran, a pesar de que reúne magníficos parques naturales.

VARIEDAD E HISTORIA

Visita el centro neurálgico de la capital, Addis Abeba. Su gigantesco mercado, en el distrito oeste de la ciudad, es para muchos el mejor de África. Encontrarás desde trabajos artesanales hasta puestos de venta de tabaco y café. También es interesante rendir visita a la catedral copta de San Jorge, del siglo XIX, al Salón de África para admirar sus interesantes vidrieras, al palacio de Menelik II y al Museo Etnográfico. Y deja tiempo para darte un paseo por las calles para ver cómo los modernos edificios de la capital contrastan con las viviendas tradicionales.



El mayor atractivo de la zona de Bahir Dar, al norte de la capital, es el lago Tana, la fuente del Nilo Azul. Son Impresionantes sus cataratas, situadas a unos 30 kilómetros, que los etíopes llaman Tississat (las aguas que fuman). En el lago hay numerosas islas con interesantes monasterios ortodoxos del XV que albergan exquisitas muestras de la pintura religiosa y manuscritos.

La ciudad imperial de Gondar está situada al norte del lago Tana. Ofrece un magnífico recinto amurallado y cinco espléndidos castillos medievales en su interior.

En el Parque Nacional de Nechisar verás el swaynes hartebeest, una extraña especie de antílope; también gacelas, leopardos, hipopótamos y cocodrilos.

La ciudad de Harar, al este del país, declarada Patrimonio de la Humanidad, se fundó en el siglo XII y es considerada ciudad santa por los musulmanes. Para cualquier viajero su principal atractivo consiste en disfrutarla paseando y empapándose del ambiente. Los milenarios templos de Lalibela, tallados en la roca, componen un laberinto de iglesias, en ocasiones comunicadas por pequeños pasadizos y túneles, que muchos han considerado como la octava maravilla del mundo.

Una vez en Etiopía resulta casi irresistible adentrarse en la parte menos conocida del país, el sur. Desde Dire Sawa, una ciudad moderna, se desciende hasta el enclave islámico de Harrar, la ciudad amurallada y de tortuosas callejuelas en las que comienza el desfile de la variedad tribal que caracteriza a esta zona. Desde aquí se parte hacia el Valle del Rift, una gran falla que divide a Etiopía por la mitad, salpicada de volcanes en actividad, grandes lagos y tupidas sabanas. Los lagos Awasa, Abyata, Langano y Debre SEIT son las pausas inexcusables de esta inmersión en el sur.

(...)

Textos: Lola Escudero
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(Kaunas, 1964) Baloncestista lituano. Llamada cariñosamente El gigante del Este, por sus 2,20 metros de altura y sus 117 kilos de peso, ha participado en tres citas olímpicas con dos selecciones, la Unión Soviética y Lituania, y todas ellas subió al podio.

Su actividad profesional comenzó en 1982, con su debut con la selección absoluta de la URSS, en Colombia, que se proclamó campeona del Mundo en ese torneo. En 1983 consiguió ser campeón del Mundo júnior y al año siguiente conquistó con su equipo, el Zhalguiris Kaunas, la Copa de Europa, con el que ganó, demás, tres Ligas de la Unión Soviética y una Copa Intercontinental. En 1984 se proclamó subcampeón de la Recopa y logró el título de campeón de Europa con su selección en Stuttgart (Alemania).

La brillante trayectoria del joven Sabonis en la década de los 80 llamó la atención a la Liga profesional americana, la NBA, que empezó a seguir sus pasos de cerca. Por fin, ese mismo año 1986, el Portland Trail Blazers le seleccionó para jugar en la NBA.


Sin embargo, su brillante carrera se vio truncada en 1987 por una grave lesión en el tendón de Aquiles, lo que condicionó inevitablemente su carrera. Para compensar esta dolencia y sus sucesivas secuelas, Sabonis desarrolló al máximo su inteligencia sobre la pista. Tras permanecer alejado de las canchas durante algunos meses volvió a jugar con su equipo y con la selección soviética. En 1988 se proclamó con la URSS campeón olímpico en los Juegos de Seúl.

Los cambios políticos en su país propiciaron, un año más tarde, su pase al baloncesto español, mientras sus problemas físicos se agudizaban partido tras partido. El Fórum Valladolid apostó por él y la operación no pudo ser más rentable. En su primera temporada (1989-1990) con el equipo vallisoletano, Sabonis consiguió el mejor promedio de rebotes defensivos y ser el máximo taponador de la Liga ACB. Durante la temporada 1990-1991 logró que el Fórum terminara séptimo en la Liga y que se clasificara para la Copa Korac.

Después de tres años en el equipo del Pisuerga, el Real Madrid le reclamó con la intención de acabar con la hegemonía del Barcelona en el deporte de la canasta. Pese a que los problemas físicos seguían manifestándose, Sabonis cumplió con su cometido y dio todo lo que se esperaba de él. Un mes antes de debutar en su nuevo club, volvió a acudir a unas Olimpiadas, las de Barcelona 92, esta vez con la selección de Lituania, donde conquistó la medalla de bronce.


Con el equipo madrileño permaneció tres temporadas en las que ganó dos veces la Liga (1993 y 1994), una Copa del Rey (1993) y una Copa de Europa, además de ser nombrado mejor jugador de Europa en 1995. Con 30 años cumplidos, los Trail Blazers volvieron a llamar a la puerta y acabó estampando su firma en el equipo de Portland (Oregón, EE.UU) el 30 de septiembre de 1995, ya que, según sus propias palabras, no le quedaba "nada por hacer en el baloncesto europeo". En 1995 fue elegido como integrante del equipo ideal de los rookies de la NBA.

En 1996 acudió a su tercera cita olímpica con el equipo lituano en Atlanta 96, donde consiguió su segunda medalla de bronce en unas Olimpiadas. Además de las medallas olímpicas (una de oro y dos de bronce) conquistó numerosos triunfos en otras competiciones internacionales, como el oro en el Mundial de Colombia de 1982, la medalla de plata en el Mundial de España de 1986, la de oro en los de Stuttgart de 1985, la de plata en el Europeo de Atenas de 1995 con la selección lituana, dos medallas de bronce en los Europeos de Nantes de 1983 y los de Zagreb de 1989, entre otras muchas.

En el verano de 2002 y con 37 años cumplidos, el pívot lituano fichó de nuevo por el Trail Blazers de Portland por una temporada. Un año después regresó al Zalgiris Kaunas, el club de toda su vida, no sólo como jugador sino también como accionista.



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"-Me habéis salvado la vida y ni siquiera sé quién sois-dijo. -Me llamo Philip -respondió él-. Soy el prior de Kingsbridge."


El título ya de por sí es revelador.
Una catedral gótica y su proceso de construcción sirven de excusa para la articulación de una historia que transcurre en la Edad Media, época de caballeros y escuderos, pero con un contenido sin anacronismos, en el que se entrecruzan sentimientos atemporales, como el odio, el amor, la venganza, o el miedo.

El punto de partida es el ahorcamiento de un personaje extravagante, y la maldición que su mujer perpetra a sus acusadores. Por otro lado, Tom, un constructor, y su familia, comienzan un viaje sin retorno por los tortuosos caminos de Inglaterra, tratando de encontrar trabajo. Tom aspira a participar en la construcción de un edificio catedralicio, es su gran sueño. A partir de ahí, se sucederá una cascada de acontecimientos, y nunca mejor dicho. No tenemos ante nosotros un manual de construcción, sino un libro donde las vivencias de los personajes ocupan un primer plano.

Una vez uno se adentra en la trama, no puede dejar de leer. Por su tamaño (casi 1400 páginas) es imposible acabar este libro en una sentada. Pero casi es de agradecer. Cada hoja de lectura supone un nuevo descubrimiento. Ken Follet, el autor, como todo escritor de best-sellers que se precie, hace que las acciones de los personajes se desarrollen a un ritmo rápido. No se pierde en descripciones innecesarias, y consigue que para entender la página siguiente sea imprescindible haber leído la anterior. Y esto, si ya de por sí es difícil en cualquier novela, en una de gran extensión lo es aún más. Otras novelas de Follet ("La Isla de las Tormentas", "El Valle de los leones") tienen una temática muy distinta. Son novelas ensalzadas por el márketing, de gran tirada, y rápida lectura. Lo que podriamos denominar como "fast food" literario. Y lo arriesgado de su apuesta se compensa con una historia que deja "un poco huérfano" al que culmina su lectura.

Los hechos históricos que rodean las circunstancias de los personajes (el naufragio del White Ship, la guerra civil entre Maud y Henry o el asesinato de Thomas Becket) sustentan la historia de ficción. Y así se revela el ingenio del autor para entremezclar elementos reales e imaginarios.

La lectura del libro no constituye una dificultad añadida, lo que sin duda ayuda a que la rapidez con que se termine sea mayor. Pero, a diferencia de otras obras caracterizadas también por poseer un gran número de páginas, no hay tramos aburridos en los que se esté deseando pasar a otros acontecimientos de la novela. El interés se mantiene casi a lo largo de todo su desarrollo. El resultado es una novela muy amena, enriquecedora y cautivadora. Un argumento original, basado en un rompecabezas inteligente de personajes que no defraudan. Intriga, historia, acción y amor. Una mezcla variada y efectiva.

Hace recapacitar sobre bastantes cosas. Como, por ejemplo, en que cualquier tiempo pasado no fue mejor. La barbarie en la época medieval, tan incivilizada y primitiva, era el pan nuestro de cada día. El sometimiento del siervo a la prepotencia del señor es una sensación desconocida para los que vivimos en pleno siglo XXI. Pero el escritor transmite esa idea a la perfección. La identificación con los protagonistas es genuina. Si bien en la actualidad, al menos dentro del mismo marco geográfico, no es posible encontrar circunstancias legales de tamaña índole, las sensaciones y las reacciones de los personajes frente a las injusticias que se suceden, son imperecederas: la impotencia ante el sufrimiento de los seres queridos, el drama de una relación imposible, la estupefacción ante la impunidad de las maniobras de los poderosos, el amor y el erotismo, el dolor y la muerte.

El escritor de la novela no se preocupa por ceñir, a la maniera de otros, el vocabulario de los personajes a la época en que viven. Pero eso los hace más cercanos. Es una historia de antes contada en la actualidad, como las leyendas que se transmiten de generación en generación, y que se adaptan a las nuevas formas de ser contadas.

Los héroes de la historia lo son por méritos propios, pero ya no por llevar a cabo grandes gestas. Sobretodo, por superar el día a día, por levantarse una y otra vez y sobreponerse a las dificultades. Por creer en una vocación, religiosa o profesional. Por tener fe en un sentimiento, en una persona, o en un ser superior. Y con la certeza de que se recoge lo que se siembra. Cada uno de ellos, por muy diferente que sea su escala de valores, es fiel a su objetivo. Los obstáculos, por insalvables que parezcan, no les hacen desistir. Persisten. Luchan. Y... ¿logran lo que buscan? Eso ya no es lo importante. Lo que cuenta es el modus operandi. Y lo que yo admiro.

Mariam 7 - Recomendación obtenida por su brillantez de la red.
Obra Maestra

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Puede afirmarse que la batalla de las Termópilas fue uno de esos contados momentos de la historia que han marcado de un modo definitivo e indiscutible el futuro de la humanidad.
El nombre del lugar significa "puertas calientes", y alude a las aguas termales que aún hoy día se encuentran en la zona. Según cuenta la tradición, hallándose Heracles próximo a la muerte, y sintiendo en su piel el ardor que le causaba la túnica del centauro Neso, se arrojó a un río próximo a Traquis (junto a las Termópilas), para extinguir el fuego que lo abrasaba; murió ahogado, pero las aguas del río conservaron su calor.


Por extraña coincidencia, los espartanos, que se consideraban a sí mismos descendientes de Heracles, o heráclidas, también murieron allí, como el héroe; y es significativo el nombre de su rey Leónidas, pues el león -símbolo de realeza- fue el animal que dominó Heracles en uno de sus trabajos.

El lugar era un paso estrecho entre las montañas y el mar; tenía una longitud de 2,5 km y en algunos puntos su anchura se reducía a tan solo 15 metros. Constituía la puerta de acceso a Grecia desde el Norte, y en el verano del año 480 a.C., el rey persa Jerjes conducía un numeroso ejército hacia allí.

Según Herodoto el ejército persa lo componían más de dos millones de hombres, y para su avituallamiento dependía de la flota, por lo que ambas fuerzas -la de mar y la de tierra- debían avanzar coordinadamente, siguiendo la línea de la costa.


Las tropas griegas en las Termópilas estaban formadas por unos siete mil hombres de diferentes ciudades, bajo el mando del Rey Leónidas, que iba acompañado de los trescientos espartanos de su guardia real. Al despedirse de su esposa, la reina Gorgo, esta le preguntó: -"¿Qué he de hacer si no vuelves? - Si yo muero cásate con uno digno de mi y ten hijos fuertes para que sirvan a Esparta"- respondió Leónidas.

Los persas acamparon en las proximidades de la entrada del paso, y Jerjes envió a un jinete en misión de espionaje para observar a los griegos. Jerjes se quedó atónito al escuchar su informe. Los espartanos hacían ejercicios atléticos, limpiaban sus armas, y algunos se estaban peinando y arreglando el cabello.

Después de tres días de espera, Jerjes envió un heraldo, que habló a Leónidas de la fuerza del ejército persa, le informó de que al día siguiente atacarían, y por último le invitó a rendirse diciéndole que el Gran Rey, en su generosidad, les perdonaría la vida si entregaban sus armas. -"¿Qué respuesta debo llevar al Rey?" -Preguntó el heraldo. -"ven a cogerlas"- dijo Leónidas.

Esa noche, junto a uno de los fuegos del campamento de los griegos, un desanimado hoplita de Traquis comentó que al día siguiente, cuando los persas atacaran, sus flechas taparían el sol. A lo que un espartano llamado Dienekes respondió seca y lacónicamente: -" Tanto mejor, así pelearemos a la sombra".

Los persas comenzaron a avanzar y penetraron en el desfiladero. Quietos, formados en falange los espartanos entonaron el peán (himno en honor al dios Apolo). Con gran griterío los persas se lanzaron a la carga; cuando ya estaban muy cerca, la falange espartana se puso en marcha. El choque fue terrible, los persas se lanzaban a cientos sobre la muralla humana formada por los espartanos, en cuyas lanzas se ensartaban. Sentado en su trono Jerjes se revolvía ante lo que estaba presenciando, los espartanos estaban literalmente masacrando a sus tropas.

Al caer la tarde los persas se replegaron dejando gran cantidad de muertos sobre el terreno. Sin pausa, para no dar respiro a los defensores, el general persa Hidarnes envió a la guardia real persa, los llamados diez mil inmortales, convencido de que estas tropas escogidas aniquilarían fácilmente a los ya cansados griegos.

El valor y el ímpetu desplegado por los inmortales fue digno de ser recordado. Los espartanos sufrieron algunas bajas, pero su falange no se deshizo. Los persas trataron de hallar cualquier resquicio para romper las líneas griegas, pero no lo había.

Con el crepúsculo cesó la batalla. Jerjes se revolvía inquieto, ni él ni sus generales sabían como vencer la resistencia de los griegos. Además, para empeorar las cosas, su flota había combatido con la de los griegos en las cercanías del cabo Artemisón sin conseguir derrotarla, por lo que no había manera de flanquear las Termópilas por mar.

El ejército persa no podía esperar indefinidamente, pronto los suministros escasearían y lo que era peor, la moral estaba por los suelos. Entonces, apareció un traidor, Efialtes. Tras asegurarse una suculenta recompensa, informó a Jerjes de que existía un sendero que, rodeando el monte Kalidromos, salía al otro lado del paso, donde sorprenderían a los espartanos por la retaguardia.


Al descubrir la maniobra envolvente de los persas, Leónidas ordenó que todas las tropas griegas abandonaran el lugar de inmediato. Así se salvarían y podrían volver a combatir más adelante. Sin embargó, decidió quedarse él con los trescientos espartanos. Los setecientos hoplitas tespieos se negaron a obedecer la orden de retirada y abandonar a los espartanos. Así pues, este puñado de hombres, que constituía todo el ejército de Tespias, escribió la página más gloriosa en la historia de su pequeña ciudad.

Leónidas sabía que si los persas atravesaban el paso de las Termópilas inmediatamente, llegarían a Atenas rápidamente, lo que obligaría a la flota griega a retirarse precipitadamente para intentar la evacuación. Esto, muy probablemente, hubiera conllevado dos resultados, o bien la flota griega era destruida por la persa en su precipitada retirada, o bien Atenas era destruida sin dar tiempo a la evacuación. En ambos casos Grecia hubiera estado perdida. Por tanto, la resistencia de Leónidas en las Termópilas permitió a la flota griega replegarse ordenadamente.

El heroísmo que demostraron los griegos fue magnífico y digno de las mayores alabanzas. Casi todos los hombres estaban ya gravemente heridos, muchos sangraban por múltiples heridas, sus lanzas se habían roto ya, muchos escudos estaban prácticamente inservibles. Pero la lucha no cesaba, era encarnizada y ni se daba ni se pedía cuartel; los espartanos y tespieos que conservaban la espada la utilizaban, los que no, luchaban con el escudo o con astas de lanza rotas, algunos incluso, usaban piedras o las propias manos y dientes para herir al enemigo.

Finalmente, ante la cantidad de bajas que les estaban causando, los persas retrocedieron. Acto seguido se adelantaron los arqueros, y una lluvia de flechas acabó con los pocos espartanos que quedaban. Las Termópilas habían caído, pero los persas habían sufrido más de veinte mil bajas. El resto de la historia es conocido. La flota griega derrotó a la persa en Salamina. Y poco después, los griegos derrotaban a los persas en Platea. Grecia había vencido.

Los espartanos que murieron en las Termópilas fueron un ejemplo para todos los griegos, y su ejemplo ha perdurado. Si bien es cierto que físicamente la batalla se perdió, pues los persas atravesaron las Termópilas, el heroísmo de los espartanos venció moralmente al cuantioso ejército persa, que finalmente sucumbió.



En el lugar donde cayeron los últimos espartanos, hay una pequeña lápida en la que puede leerse: "Caminante ve a Esparta y di a los espartanos, que aquí yacemos por obedecer sus leyes".

Miguel Ángel Antolínez

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Los lobos miden entre uno y dos metros y su color puede ser de blanco a negro, con combinaciones de oro, marrón y rojizo. Una camada de lobitos puede ser de muchos colores. Los colmillos de un lobo puede medir hasta 6 cm. de largo.

El lobo gris es uno de las especies más antiguas de la tierra - lleva más de 100.000 años viviendo en este mundo. Antes vivía en la mayor parte del hemisferio norte y, aparte del ser humano, el lobo ha sido el mamífero más extendido en el mundo durante toda la historia. De hecho los lobos viven en casi todos los sitios del mundo excepto en los bosques de lluvia tropicales y los desiertos.

El lobo vive de 6 a 12 años dentro de un territorio establecido que "pertenece" a su manada y que normalmente comprende entre 150 a 300 km2 . Marca su territorio mientras pasean, a través de unas glándulas en el pie que emiten un olor, y con su orina. El lobo tiene unos vaso sanguíneo en sus patas que controlan su temperatura corporal e impide la formación de bolas de hielo entre sus pies, incluso durante el invierno.

Los lobos son animales muy sociables. Viven, viajan y cazan en grupos muy organizados, normalmente de 6 a 12 animales. Cada grupo tiene una pareja dominante cuyo macho domina a los machos la hembra a las demás hembras.

La pareja dominante suelen ser los únicos del grupo que tengan cachorros. Unos tres semanas antes de parir, la hembra escarba un túnel en la tierra creando un refugio. Una vez dé luz a sus cachorros, se queda allí con ellos hasta que cumplan de 8 a 10 semanas. La hembra debe escoger con mucho cuidado dónde hacer el refugio, en un sitio donde los demás lobos del grupo puedan cazar y defender sin problema, y que esté cerca de una fuente de agua.


Los lobitos toman solo leche durante un mes y luego comen comida pre-dirigida por otros miembros del grupo. A veces los cachorros se levantan una patita para pedir comida.

Cuando los cachorros son todavía muy pequeños, otros lobos de la manada hacen de "babysitter", cuidando a los pequeños cuando la madre se va a beber agua, hacer ejercicio o hacer sus necesidades.

Los lobos tienen diversas formas para comunicarse a través de aullidos, gruñidos, ladridos, olor y lenguaje corporal. Utilizan la cola para transmitir fuerza, sumisión, agresión y miedo. Los lobos utilizan sus aullidos para anunciar su presencia y advertir a intrusos. También los miembros del grupo aúllan para localizarse uno a otro cuando están lejos. Algunas personas creen incluso que los lobos hacen su famoso aullido simplemente para divertirse.



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Uno de los grandes enigmas de la cartografía son los mapas de Piri Rei. Estos dos mapas contienen información y datos muy adelantados a su época, como por ejemplo el contorno detallado de América y la Antártida. Sin embargo lo interesante es que el autor de éstos mapas parece haberse basado en información tan antigua que se remonta a la época de Alejandro Magno. Algo que si es cierto derrumbaría varios hechos históricos establecidos.


“Este mapa del mundo tiene 5000 años y aún mas. Pero contiene datos que son todavía anteriores en muchos miles de años” , afirma I. Walters en un Forum radial de la Universidad de Georgetown – EEUU , en 1956, dedicado a los mapas de Piri Reis, con la partición del R.P. Linehan de la Companía de Jesús, sismólogo miembro del Observatorio del Boston College y miembro integrante de las expediciones de la marina norteamericana a la Antártida, del ingeniero Arlington H. Mallery, y el citado I. Walters, cartógrafo adscripto al Servicio Hidrográfico de la Marina norteamericana.

El 9 de noviembre de 1929, Malil Edhem, director de los museos nacionales turcos, realizando un inventario y clasificación del museo de Topkaki de Estambul, descubrió dos mapas del mundo, que se creían perdidos, los mapas de Piri Reis del siglo XVI, que el “Bahriye”, su libro de memorias, refiere extensamente las condiciones en las cuales hizo esos mapas. Cabe aclarar que Piri Reis no es un nombre, es mas bién un título honorífico y que Bahriye es el Libro del Mar o de la navegación y contiene 215 mapas con una extensa referencia a los dos que nos interesan.

Piri Reis de una cultura muy amplia, dibuja uno en 1513 y el otro en 1528, dominaba además el griego, el italiano, el portugués y el español, lo que le permitió sacar mejor partido de los escritos y mapas de la época, como así también de un esclavo que perteneció a la tripulación de Cristóbal Colón. Aquí no está muy claro, pero Piri Reis afirma que se entera por el esclavo y documentos capturados (no olvidemos que era un héroe para los turcos, pero para los demás un pirata), que Colón contaba con un libro antiquísimo con mapas y descripciones de las tierras de América.


Dice el almirante turco que Colón sabía con que se encontraría pero que era una verdad difícil de digerir por los mandatarios de la época, por lo que omitió lo referente al continente desconocido, que sabía por haberlo leído en el libro que a los naturales les gustaban las cuentas de vidrio y por eso llevó muchas para regalar; y lo mas extraordinario es que el libro databa de la época de Alejandro Magno (?)

¿Qué tienen de importante los mapas?, nada mas que el exacto contorno de toda América y por si fuera poco también la Antártida. Aquí no hay especulaciones matemáticas ni técnicas ni cosa rara que de lugar a otras interpretaciones, los mapas existen, no son falsificaciones para molestar a los guardianes del orden establecido.

Ordenemos los datos. Magallanes descubre el estrecho en 1520 ( siete años después del primer mapa). Sobre la Antártida podemos decir que recién para 1823 (Weddell) y 1843 (Ross) se puede empezar a hablar de un continente ( trescientos años después ) y con respecto a Alejandro Magno, es posible que cuando toma la ciudad fenicia de Tiro ( 332 AC) se haya apropiado de los mapas náuticos, no olvidar que para esa época la flota de Tiro era la mas poderosa conocida y debían de contar con cartógrafos competentes o de una biblioteca importante.

Bién, si para la época la Antártida no era ni sospechada, lo que dibujó Piri Reis es cualquier cosa menos el continente helado, afirmarían desesperados los que sostienen la estantería que tiembla, y por supuesto sin dignarse a estudiar el caso, solo negarlo. ¡ Son de locos estos muchachos protestones ! No son Historiadores, ni Arqueólogos, ni Geógrafos, ni nada y quieren venir a molestar a los que si saben.

Bueno, hay algunos detalles menores que son interesantes, como el hecho de que los mapas no son un dibujo plano, como los de la época; fueron realizados por proyección que es bastante desconcertante puesto que la Geometría Proyectiva es de la época de Monge (1800). Para que se entienda, lo dibujado sería igual a si sacamos una fotografía a un globo terráqueo desde una distancia prudente, o a la misma tierra desde algunos miles de kilómetros. Es solo un ejemplo, nadie dice que se hizo así. El hecho lo nota Mallery en 1952 cuando ve que lo consignado era real pero con deformaciones, que desaparecieron al trasladarse los mapas por proyección sobre una esfera. ¿ Serían copias de diapositivas ? .

Mallery en su estudio de los mapas de Piri Reis, compara en 1954 el contorno de la Antártida y encuentra que donde el almirante turco consignaba unas islas frente a la costa, corresponderían a picos subglasiares descubiertos por la Norwegian-Swedish-British Antartic Expedicion en junio de 1954.

Compara la costa continental Antártica con los mapas realizados por Peterman en 1954, contaba con lo mas adelantado de la ciencia actual, sondas sísmicas, sonares, radares, gravímetros, etc. y encuentra que donde Piri Reis indicaba dos bahías, Peterman indicaba tierra firme. Primer fallo del almirante y debían verificarlo, se pide a la Marina Norteamericana que compruebe por sondeo sísmico, y ¡ Piri Reis tenía razón ! Nosotros los modernos nos habíamos equivocado. Se pueden dar mas ejemplos pero no hacen falta.

¿ Cómo y quiénes hicieron los mapas ? Piri Reis no fue, él nunca se adjudicó su autoría. Los Fenicios pudieron conocer y utilizar los mapas, pero si no contaban con instrumentos para sondear a través de 4000 m de hielo, debieron copiarlos de otros mas antiguos, anteriores a que la Antártida se cubra de hielos, antes de la glaciación, los mapas tendrían mas de 10.000 años. ¿Quiénes? Aquí el tema se pone caliente.

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